Ay la economía ..! Si en vez de tanta suficiencia los decision makers llevaran el sentido común colgado del cuello, mejor nos iría. Habría que pensar si no era más sensato Saint-Simon que todos los Keynes, Friedman, Krugman y demás dogmáticos inspiradores de las decisiones que se toman desde la política. Algún día será preciso retomar el pensamiento económico de los ingenieros, quiero decir recuperar lo que algunos ilustrados pensaban más bien práctica que teóricamente sobre el cuidado del bien común, no sólo el de sus propios negocios.
De momento frente a la previsión presupuestaria que se ha hecho pública este fin de semana, casi es mejor mirar hacia afuera. Gavyn Davies del Financial Times, habla de que España se encuentra en 'the austerity trap'. Y no se refiere a la Semana Santa en Bercianos de Aliste.
Ver aquí el artículo 'Spain in the austerity trap'.
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2 abr 2012
El pan nuestro de cada día
29 mar 2012
Boletín trimestral del E.I.H. (investigación sobre economía de la energía)
Para quienes estén interesados en la economía de la energía (marco regulatorio, modelos de negocio, costes, etc.), adjunto aquí el último boletín trimestral que informa acerca de las investigaciones que lleva a cabo el Energy Institute de la Haas School of Business (U. of California, Berkeley). Si alguien quiere además curiosear sobre las actividades y publicaciones del E.I.H. también puede acceder directamente desde aquí.
De especial interés me parece el trabajo de Borenstein (WP211R, se puede descargar desde el sitio Web del E.I.H.) sobre la dificultad de conocer el coste real de las energías renovables. Aunque en España lo que en realidad ya sabemos bastante bien es su precio para el consumidor ..
De especial interés me parece el trabajo de Borenstein (WP211R, se puede descargar desde el sitio Web del E.I.H.) sobre la dificultad de conocer el coste real de las energías renovables. Aunque en España lo que en realidad ya sabemos bastante bien es su precio para el consumidor ..
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28 mar 2012
Sostiene Pereira, Fomento anima
Estoy seguro de que el título de la novela del recién difunto Tabucchi (q.e.p.d.) y el titular de la noticia que aparecía ayer en el diario Expansión no guardan la más mínima relación desde el punto de vista del contenido de una y otra cosa. Hay sin embargo en esa asociación espúrea de palabras una afinidad rítimica contrapuntística curiosa, algo parecido a lo que los filólogos denominan una hilación fonética sibilina.
El caso es que el Ministerio de Fomento no quiere dejar de obrar en esta época menesterosa y anima a los agentes privados a ello, lo cual está bien y mejor aún si lo que se persigue es que los fines y la utilidad real ¿pública? de las obras tengan sentido y medida verificables más allá de la cuenta de resultados de las empresas que las construyan. En este caso además habrá que asegurar la compatibilidad del interés público con la rentabilidad extra necesaria para satisfacer a quienes las financien, por lo que la viabilidad del plan pasará por hacer hueco suficiente a dos tipos de beneficios, el constructivo y el financiero. Lo que parece claro es que la inversión en obras públicas o infraestructura -si se prefiere este horrible término, va a situarse durante estos próximos años en situación de excentricidad en relación con la tradicional fuente de los PGE. La acción que han de ejercer en este contexto los representantes del interés público, políticos y funcionarios, se verá desplazada del cómodo ordeno y mando a un universo decisional mucho más complejo, rico en matices y desde luego necesitado de habilidades significativamente más sofisticadas y proactivas que ejercer la acostumbrada disposición de crédito y la potestad sobre el correspondiente Pliego de Condiciones.
Este es un tema sin duda tan interesante como transcedente para la profesión de la ingeniería, y debería abrir oportunidades reales de mejora a ambos lados del negocio, el público y el privado. También lo es y seguramente aún más, para la articulación del interés público en el diseño de una forma de provisión de un bien básico -la movilidad, que al menos quien esto escribe no quisiera ver en el futuro en situación tan aberrante como la que sufre en estos momentos el sector de la energía. Pero ¿se harán las cosas bien, tratando de encontrar un equilibrio virtuoso entre ambos intereses o simplemente volveremos a encontrarnos con lo de siempre?
Consultar aquí la noticia sobre los planes de Fomento que publicaba ayer el diario Expansión.
El caso es que el Ministerio de Fomento no quiere dejar de obrar en esta época menesterosa y anima a los agentes privados a ello, lo cual está bien y mejor aún si lo que se persigue es que los fines y la utilidad real ¿pública? de las obras tengan sentido y medida verificables más allá de la cuenta de resultados de las empresas que las construyan. En este caso además habrá que asegurar la compatibilidad del interés público con la rentabilidad extra necesaria para satisfacer a quienes las financien, por lo que la viabilidad del plan pasará por hacer hueco suficiente a dos tipos de beneficios, el constructivo y el financiero. Lo que parece claro es que la inversión en obras públicas o infraestructura -si se prefiere este horrible término, va a situarse durante estos próximos años en situación de excentricidad en relación con la tradicional fuente de los PGE. La acción que han de ejercer en este contexto los representantes del interés público, políticos y funcionarios, se verá desplazada del cómodo ordeno y mando a un universo decisional mucho más complejo, rico en matices y desde luego necesitado de habilidades significativamente más sofisticadas y proactivas que ejercer la acostumbrada disposición de crédito y la potestad sobre el correspondiente Pliego de Condiciones.
Este es un tema sin duda tan interesante como transcedente para la profesión de la ingeniería, y debería abrir oportunidades reales de mejora a ambos lados del negocio, el público y el privado. También lo es y seguramente aún más, para la articulación del interés público en el diseño de una forma de provisión de un bien básico -la movilidad, que al menos quien esto escribe no quisiera ver en el futuro en situación tan aberrante como la que sufre en estos momentos el sector de la energía. Pero ¿se harán las cosas bien, tratando de encontrar un equilibrio virtuoso entre ambos intereses o simplemente volveremos a encontrarnos con lo de siempre?
Consultar aquí la noticia sobre los planes de Fomento que publicaba ayer el diario Expansión.
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16 mar 2012
El futuro de lo 'público'
La opinión de Javier García Seijas sobre el futuro de las obras (él dice 'infraestructuras') y servicios públicos que aparecía hace unos días en el diario Expansión merece ser leida y tenida en cuenta, a pesar de ser el autor parte interesada por razón de su puesto de Head of Infrastructure & PPP en la consultora Ernst & Young. La posibilidad a que apunta supone ni más ni menos que una alteración que podría llegar a ser significativa del modelo de provisión de esas obras y servicios, otorgando una participación explícita y relevante al sector privado no sólo en su financiación y gestión económica sino incluso en la planificación y definición de todo ello. Una generalización del modelo PPP abre las puertas a debates de primera importancia ya que deben sopesarse cuestiones no sólo a corto (financiación en un tiempo menesteroso) sino a medio y largo plazo. Las tendencias apuntan en cualquier caso a una transformación inevitable de lo que se entiende por 'público' que afectará cualitativa y cuantitativamente al sistema concesional y también puede significar cambios de importancia en el ejercicio de la profesión de la ingeniería y en los modelos de negocio de las empresas del sector.
A ver si hay suerte esta vez y los ingenieros no nos autocensuramos una vez más y dejamos el debate público sobre un asunto de tanta relevancia exclusivamente en manos de financieros, contables y demás artistas de 'la creación de valor'.
Ver la nota aquí.
A ver si hay suerte esta vez y los ingenieros no nos autocensuramos una vez más y dejamos el debate público sobre un asunto de tanta relevancia exclusivamente en manos de financieros, contables y demás artistas de 'la creación de valor'.
Ver la nota aquí.
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15 mar 2012
El recibo no es de recibo
La conjunción de episodios de gobernanza cuestionable en lo político y en lo corporativo, unida a la ausencia en España de instituciones de peso en lo que por ahí se denomina la sociedad civil más una alegre despreocupación de la clase media, que es la de quienes trabajamos y vivimos como podemos sin participar de ninguno de los privilegios que se dan en los mundos de la política y corporativo, está suponiendo entre otras consecuencias cambios en la provisión de algunos bienes de primera necesidad.
Primero y muy evidente ha sido la vivienda, que dejó de ser un bien socialmente accesible a un coste razonable en relación con el nivel medio de renta para convertirse en un lujo de ricos o la aceptación de una semiesclavitud por vida en el acto de firma de la correspondiente hipoteca. Ahora empieza a serlo también la energía, cuya carestía empieza a resultar alarmante especialmente si se compara el alza vertiginosa de los precios en relación con la evolución de los ingresos de las familias, las PYME y hasta las administraciones públicas. Este problema no es superficial, ni coyuntural ni exclusivamente importado. Obedece entre otras razones a la conformación e interrelación del poder económico y político, algo aceptado por la mayoría como parte inevitable de las reglas del juego, pero que es lógico empezar a cuestionar.
La transición hacia la democracia que se inició con la muerte de Franco se ha detenido en lo político en el régimen oligopolístico que gestionan los partidos. En la parte económica, la concentración de poder en las grandes corporaciones es un hecho evidente. A la vista de los hechos y las consecuencias, no está de más pensar si el interés público se encuentra mucho o poco alineado con ambas formas de poder tal como se hallan constituidas y ejercidas actualmente. Y desde luego la 'indignación' no deja de ser en este contexto una reacción marginal, comprensible pero incapaz de cambiar el estado de las cosas.
En el mundo anglosajón se ha acuñado un término bastante elocuente: the squeez-mid (por the squeezed middle class, es decir la exprimida clase media).
Adjunto copia de un editorial que publicaba hace unos meses el diario The Financial Times sobre este asunto. Puede descargarse aquí.
Primero y muy evidente ha sido la vivienda, que dejó de ser un bien socialmente accesible a un coste razonable en relación con el nivel medio de renta para convertirse en un lujo de ricos o la aceptación de una semiesclavitud por vida en el acto de firma de la correspondiente hipoteca. Ahora empieza a serlo también la energía, cuya carestía empieza a resultar alarmante especialmente si se compara el alza vertiginosa de los precios en relación con la evolución de los ingresos de las familias, las PYME y hasta las administraciones públicas. Este problema no es superficial, ni coyuntural ni exclusivamente importado. Obedece entre otras razones a la conformación e interrelación del poder económico y político, algo aceptado por la mayoría como parte inevitable de las reglas del juego, pero que es lógico empezar a cuestionar.
La transición hacia la democracia que se inició con la muerte de Franco se ha detenido en lo político en el régimen oligopolístico que gestionan los partidos. En la parte económica, la concentración de poder en las grandes corporaciones es un hecho evidente. A la vista de los hechos y las consecuencias, no está de más pensar si el interés público se encuentra mucho o poco alineado con ambas formas de poder tal como se hallan constituidas y ejercidas actualmente. Y desde luego la 'indignación' no deja de ser en este contexto una reacción marginal, comprensible pero incapaz de cambiar el estado de las cosas.
En el mundo anglosajón se ha acuñado un término bastante elocuente: the squeez-mid (por the squeezed middle class, es decir la exprimida clase media).
Adjunto copia de un editorial que publicaba hace unos meses el diario The Financial Times sobre este asunto. Puede descargarse aquí.
9 mar 2012
Para los amantes ..
.. de la energía nuclear: el artículo que publica esta semana The Economist sobre la viabilidad de esa tecnología de generación de electricidad, más de allá de Fukushima y otros problemas de seguridad.
Verlo aquí.
Verlo aquí.
27 feb 2012
(1,36 + 1,08 + 0,86 + 0,73) * PIB = El debe del apesadumbrado
Según datos del Banco de España la deuda total del país (empresas, bancos, familias y administraciones) al finalizar el año 2011 era de aproximadamente el 403% del producto nacional (PIB: 1.073.383 M€). Esta cantidad se repartía respectivamente entre empresas (136%), bancos y cajas (108%), familias (86%) y administraciones públicas (73%). En total una suma de 4,3 Billones de Euros (con B grande, es decir un 1 y 12 ceros), que se quedaría en 3,2 B€ si se eliminasen de esta cuenta las entidades financieras dado su papel de intermediación, al menos teóricamente, en la economía. La deuda nacional total per capita supone una cantidad cercana a 92.000 Euros, es decir unas 4 veces el salario medio (22.511 Euros) que gana al año una persona trabajando en España si el INE está en lo cierto.
Las grandes cifras de la economía aparentemente son claras, pero en sí mismas no dicen mucho. ¿Significa lo anterior que este nivel de endeudamiento es soportable o bien (mal) acabará por hundirnos definitivamente como claman algunos agoreros? Especialmente preocupante es la sospecha de que tanta deuda signifique una dificultad adicional a otras sobrevenidas a nuestro país por causa de la recesión económica. En particular el efecto que pueda tener sobre la posibilidad de que España recupere a corto plazo la debilitada inversión (pública y privada) y se genere empleo neto perceptible. Las cuentas son desde luego un poco gloomy: tomando como hipótesis un plazo medio de devolución de 20 años y tipo de interés el 3% para el conjunto de la deuda, aún excluyendo la parte de la banca, la economía nacional no financiera (empresas, familias y AAPP) debería dedicar anualmente una cantidad de 256.000 M€ a su servicio, es decir casi la cuarta parte del PIB. La recuperación de nuestro país pasaría entonces por subir el PIB y reducir deuda, es decir invertir la tendencia actual. Pero ¿cómo y cuándo será ello posible?
Dice la última edición del semanario The Economist que España ha retrocedido en lo que llevamos de crisis 7 o más años en su nivel de desarrollo económico. Sin embargo quien nos gobernaba hace tres meses asegura hoy desde la oposición que tales consideraciones y otras parecidas no son sino pretextos de 'comentarista apesadumbrado' ¿..?
Ver aquí el artículo publicado en The Economist 'Lost economic time: The Proust index'
Las grandes cifras de la economía aparentemente son claras, pero en sí mismas no dicen mucho. ¿Significa lo anterior que este nivel de endeudamiento es soportable o bien (mal) acabará por hundirnos definitivamente como claman algunos agoreros? Especialmente preocupante es la sospecha de que tanta deuda signifique una dificultad adicional a otras sobrevenidas a nuestro país por causa de la recesión económica. En particular el efecto que pueda tener sobre la posibilidad de que España recupere a corto plazo la debilitada inversión (pública y privada) y se genere empleo neto perceptible. Las cuentas son desde luego un poco gloomy: tomando como hipótesis un plazo medio de devolución de 20 años y tipo de interés el 3% para el conjunto de la deuda, aún excluyendo la parte de la banca, la economía nacional no financiera (empresas, familias y AAPP) debería dedicar anualmente una cantidad de 256.000 M€ a su servicio, es decir casi la cuarta parte del PIB. La recuperación de nuestro país pasaría entonces por subir el PIB y reducir deuda, es decir invertir la tendencia actual. Pero ¿cómo y cuándo será ello posible?
Dice la última edición del semanario The Economist que España ha retrocedido en lo que llevamos de crisis 7 o más años en su nivel de desarrollo económico. Sin embargo quien nos gobernaba hace tres meses asegura hoy desde la oposición que tales consideraciones y otras parecidas no son sino pretextos de 'comentarista apesadumbrado' ¿..?
Ver aquí el artículo publicado en The Economist 'Lost economic time: The Proust index'
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