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8 mar 2012

Agua e información

Siendo el agua un recurso de origen natural pero obviamente sometido a la actuación técnica y el control del hombre en la práctica totalidad de los procesos de captación, almacenamiento, tratamiento, distribución, uso, depuración, reuso y restitución al medio, sorprende la disparidad y relativa falta de precisión de los datos que uno se encuentra cuando pretende estudiar una realidad o hecho concreto. Comentaba en mi posting del 21 de Febrero la abultada diferencia que se advierte al comparar la cuantificación de la huella hídrica de nuestro país tal como aparece en el reciente estudio de Hoekstr y Mekonnen (108.550 Mm3/año) con el valor del consumo anual de agua en España estimado por Hardy y Garrido que se concreta en un volumen de 34.330 Mm3/año(1). Como se puede ver, la cuantificación de un concepto análogo por expertos diferentes da lugar en este caso a un rango de variación del 300% ..!

Un aspecto en que la mala calidad de la información es palpable es el que se refiere al consumo energético del ciclo del agua en España, que el mismo estudio mencionado anteriormente(1) estima en un 7% de la demanda eléctrica total, es decir unos 18.350 GWh/año. El problema de la información que manejamos en España sobre el agua es que en ocasiones da la impresión de ser un tanto patchy, utilizando el término inglés que tan gráficamente describe la heterogénea variedad y variabilidad de los correspondientes conjuntos de datos. Así nos encontramos con que la intensidad energética de tratamientos como la potabilización puede variar entre 0,11 KWh/m3 y 4,67 KWh/m3 o la depuración de residuales entre 0,41 KWh/m3 y 0,61 KWh/m3, según dónde y cómo se mida (eso no suele explicarse casi nunca, aunque hay veces que se intuye).

No estaría de más hacer un estudio detallado y solvente sobre esta cuestión por lo que pueda valer como punto de partida de un planteamiento operativo sobre medidas para la mejora de la eficiencia energética en el ciclo del agua en nuestro país. En California lo hicieron en el año 2005, estableciendo con ello un ejemplo a seguir especialmente en países donde ambos temas, agua y energía, son fuente de múltiples conflictos de interés y su asignación adolece además (por motivos diferentes) de una irritante ineficiencia económica y social.

Descargar aquí el informe California's Water-Energy Relationship. California Energy Commission, Nov. 2005.

(1) Papeles de Agua Virtual nº 6. Fundación Botín, Septiembre 2010.

21 feb 2012

La huella

No trata este posting de recordar la película de Mankiewicz que enfrentaba en singular disputa cinematográfica aquellas dos inteligencias tan propiamente british representadas por los actores Michael Caine y Lawrence Olivier. Se refiere concretamente a otro tipo de huella que es la 'huella hídrica': traducción al español de término water footprint. El concepto está (más o menos) claro y trata de expresar en términos cuantitativos el volumen de agua que se usa en un determinado contexto espacial o económico (país, ciudad, sector productivo, etc.) como consecuencia de su normal desarrollo; es decir el agua que es necesaria en un ámbito concreto para el consumo humano y/o la correspondiente producción de bienes y servicios. La huella hídrica como indicador del uso del agua en relación con el paradigma de la sostenibilidad ambiental fue introducida en el año 2002 por Chapagain y Hoekstr, entonces investigadores del instituto IHE de la UNESCO en Delft.  El valor de este concepto como variable a considerar en la toma de decisiones en política del agua no ha dejado de criticarse por parte de muchos expertos, debido sobre todo a las limitaciones y cautelas con que se debe emplear este indicador. Su cálculo obedece a un procedimiento aproximado y discutible de asignación, y además el significado concreto del valor de la huella hídrica depende mucho de las circunstancias particulares del propio dominio al que se aplica. La utilización de la huella hídrica para comparar la eficiencia ambiental del uso de agua en lugares geográficos o sectores de actividad dispares es susceptible de error o incluso manipulación interesada, lo cual por desgracia no es ajeno a otras delicadas cuestiones relativas al dilema del cambio climático, como la comunidad científica ha tenido ocasión de comprobar (bien a su pesar) hace un par de años.

Se publica ahora un estudio detallado y con una resolución espacial sin precedentes titulado The water footprint of humanity. El organismo que lo edita es The Pacific Institute for Studies in Development, Environment, and Security, Oakland, CA, y el informe viene referido en el boletín Proceedings of the National Academy of Sciences of the U.S.A., número 109 del 14 de Febrero de 2012. Sus autores son el anteriormente citado profesor Arjen Hoekstr y un colega suyo de la universidad de Twente de nombre Mesfin Mekonnen. Según su informe la huella hídrica de España se situaría en 2005 en 2.461 m3 por persona y año, un valor elevado en relación con el promedio de 1.385 m3 que calculan para el conjunto del planeta, siendo además el tercero más alto de los países desarrollados detrás de los de EEUU y Portugal. El dato que se da para España correspondería según la estimación de los autores a un consumo de 108.550 Mm3/año en el total del país, solo ligeramente inferior a la aportación neta de agua dulce de la que dispone anualmente, lo cual no deja de sorprender incluso a un lego en la materia. Téngase en cuenta que, según se recoge en la publicación Water Policy in Spain (1) editada hace un par de años por los reconocidos hidrólogos españoles Alberto Garrido (UPM) y Ramón Llamas (UCM), la disponibilidad media de agua en España se sitúa en 111.186 Mm3/año, casi el mismo valor que arroja el cálculo de Hoekstr y Mekonnen sobre la huella hídrica.

Si el consumo real de agua fuera en España tan intensivo como se afirma en ese estudio nuestros ríos llegarían exhaustos y desde luego más bien negros a sus desembocaduras. Posiblemente estaríamos también esquilmando cada año las reservas de los embalses (53.405 Mm3) y la capacidad de los acuíferos subterráneos (39.892 Mm3) de nuestro solar patrio. Sorprende por tanto una inconsistencia como esta en un estudio cuyo valor científico debería ser más acorde con la difusión que recibe en medios incluso especializados, teniendo además en cuenta el uso dogmático que de él se hará por parte de la comunidad ecologista y otros grupos de interés análogos.


(1) Water Policy in Spain. Alberto Garrido & M. Ramón Llamas Editors. CRC Press, 2009.

Un resumen del informe The water footprint of humanity de Hoekstr y Mekonnen, referido en los Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA puede obtenerse precisamente aquí.